A medida que la escasez hídrica se intensifica en todo el mundo, la desalación se consolida como una fuente de agua potable con un papel protagónico. En ese campo, la ósmosis inversa es la tecnología de desalación más madura y desempeña un papel clave a la hora de garantizar un suministro de agua fiable en numerosas regiones.
Partiendo de este mismo proceso ya contrastado, la desalación en aguas profundas propone trasladar parte del sistema al fondo oceánico, donde la presión hidrostática natural puede contribuir al funcionamiento de estas infraestructuras.
En este artículo se abordan los siguientes puntos:
A medida que el cambio climático se intensifica y la población crece, la presión sobre los recursos de agua potable alcanza niveles inéditos. Entre factores como las sequías prolongadas y la sobreexplotación de los acuíferos, la escasez de agua ha dejado de ser una preocupación regional para convertirse en un desafío global. Un estudio publicado a principios de 2026 señala incluso que estamos entrando en una era de bancarrota hídrica global.
La desalación constituye una solución fundamental que transforma el agua de mar en agua potable para millones de personas. Ahora un nuevo enfoque replantea el lugar y el modo en que opera esta tecnología: la desalación submarina o en aguas profundas. Al trasladar las instalaciones desde la costa hasta el lecho marino, este método explora el uso de la presión hidrostática natural de las profundidades oceánicas para reforzar el proceso de ósmosis inversa. Aunque todavía se encuentra en un estadio inicial, la desalación submarina despierta un interés creciente como un posible complemento a las estrategias actuales de abastecimiento hídrico en contextos específicos.
La desalación en aguas profundas recurre al mismo proceso básico que las plantas desaladoras convencionales: la ósmosis inversa. El agua marina se presuriza y se hace pasar a través de membranas semipermeables que retienen las sales y las impurezas, de tal forma que solo se permite el paso de las moléculas de agua.
Sin embargo, en los sistemas submarinos, esa misma presión la proporciona de forma natural el océano. A profundidades de varios cientos de metros, la presión hidrostática alcanza niveles suficientes para impulsar la ósmosis inversa con un aporte mecánico mucho menor. Los sistemas de desalación submarina, que suelen diseñarse como módulos instalados en el lecho marino, buscan aprovechar estas condiciones durante el proceso. El agua de mar entra en el sistema en profundidad, atraviesa las membranas gracias a la presión natural y el agua potable resultante se bombea hasta la costa mediante sistemas de conducción. Esta fase sigue requiriendo energía, al igual que el funcionamiento de los equipos auxiliares, pero prescindir de la necesidad de presurización forzada contribuye a optimizar la ósmosis inversa. No obstante, los beneficios dependen de las condiciones propias de cada ubicación.
«Más allá de tecnologías concretas, los principales retos a los que se enfrenta la desalación a gran escala siguen vinculados al consumo energético, la sostenibilidad ambiental y, en menor medida, la fiabilidad operativa a largo plazo. La energía continúa siendo la partida más importante de los costes de explotación, por lo que resulta esencial disponer de un suministro energético estable, competitivo y bajo en carbono», señala Mireia Marcé, ingeniera de innovación en ACCIONA.
Las condiciones del agua marina superficial pueden variar con el tiempo en función de factores ambientales locales. En aguas más profundas, en cambio, la calidad del agua tiende a ser más constante, con menores niveles de materia orgánica y sólidos en suspensión. Una de las grandes ventajas de la desalación submarina radica precisamente en su capacidad para captar agua a mayor profundidad, donde las características del recurso son más estables.
Dado que los sistemas submarinos se sitúan a gran profundidad bajo la superficie del océano, quedan resguardados de tormentas, oleaje y otros fenómenos meteorológicos extremos. Esto puede incrementar su resiliencia, en particular en regiones expuestas a huracanes o inundaciones costeras. Por último, estos equipos suelen concebirse como unidades modulares de despliegue progresivo, lo que facilita inversiones escalonadas y una ampliación gradual de la capacidad, ajustando la oferta a la demanda real de forma más precisa.
Una de las principales ventajas de la desalación en aguas profundas es la capacidad de captar agua allá donde la calidad del recurso es más constante y el contenido de materia orgánica es menor.”
«Una de las principales ventajas de la desalación en aguas profundas es la capacidad de captar agua allá donde la calidad del recurso es más constante y el contenido de materia orgánica es menor. Esto permite simplificar las etapas de pretratamiento y reducir potencialmente tanto la inversión de capital como los costes de explotación en esta fase del proceso. A ello se suman beneficios adicionales como un menor impacto visual y una dilución más eficiente de la salmuera vertida», afirma Sandra Martínez, ingeniera de innovación en ACCIONA.
Aunque la desalación en aguas profundas es todavía una tecnología incipiente, ya hay diversas empresas e iniciativas de investigación trabajando en validar diferentes enfoques tecnológicos y evaluar su viabilidad técnica y económica en condiciones reales. Por ejemplo, una startup californiana está avanzando en la validación de su concepto de «granja submarina» por medio de una prueba piloto basada en módulos submarinos. En paralelo, otras startups se han centrado en el desarrollo de prototipos y la validación conceptual, con la mirada puesta en aplicaciones específicas o sistemas móviles más de nicho como propuesta de valor en el mercado.
Para empresas de referencia en el ámbito de la desalación como ACCIONA, estos avances suponen tanto una oportunidad como una vía de integración. «Es de esperar que el sistema hídrico mundial evolucione hacia un modelo tecnológico más diversificado, donde el éxito no dependerá de una única solución dominante, sino de la combinación eficaz de tecnologías adaptadas a las necesidades de cada entorno», apunta Martínez.
A medida que la energía eólica marina y otras fuentes renovables oceánicas van expandiéndose, surge también un creciente interés por hibridar la producción de agua y la generación de energía.
A medida que la energía eólica marina y otras fuentes renovables marinas van expandiéndose, surge también un creciente interés por hibridar la producción de agua y la generación de energía. La desalación submarina podría integrarse en estos sistemas combinados, lo que generará nuevas sinergias entre sectores y favorecerá un desarrollo integral de las infraestructuras marinas.
Pese a su potencial, la desalación en aguas profundas afronta importantes desafíos a la hora de alcanzar una implantación a gran escala. Tal como sucede con muchas tecnologías emergentes, los costes iniciales son elevado, ya que las instalaciones submarinas exigen técnicas de ingeniería, materiales y procesos de montaje altamente especializados. Demostrar su competitividad económica frente a los métodos de desalación consolidados será crucial.
Asimismo, la operación de equipos en el fondo marino introduce notables complejidades logísticas. El mantenimiento y las reparaciones requieren embarcaciones específicas y personal cualificado, y es necesario constatar la fiabilidad de los sistemas a largo plazo bajo condiciones rigurosas de alta presión y ambientes corrosivos. Aunque la presión hidrostática natural cubre parte de los requerimientos de la ósmosis inversa, el sistema sigue requiriendo energía para operar. Una parte sustancial de este consumo se destina al bombeo del agua producida hasta la orilla, a lo que se suma la potencia requerida por los sistemas auxiliares.
El impacto ambiental de la desalación submarina sigue también en fase de estudio. Aunque su ubicación lejos de la costa puede mitigar ciertas afecciones litorales, todavía existen incógnitas sobre la incidencia de la captación y del vertido de salmuera en los ecosistemas de aguas profundas. Por último, no todas las zonas costeras son adecuadas: esta estrategia resulta viable sobre todo en zonas donde se alcanzan grandes profundidades cerca del litoral, lo que restringe su aplicación en diversas regiones del planeta.
A medida que el sector del agua evoluciona a escala global, resulta evidente que ninguna solución aislada bastará para dar respuesta a la complejidad del estrés hídrico. Será imprescindible disponer de una cartera diversificada de tecnologías, adaptada a las características y necesidades de cada territorio.
En este marco, la desalación en aguas profundas constituye una aportación interesante al conjunto de soluciones tecnológicas disponibles. Plantea un enfoque diferente en cuanto al emplazamiento y la ejecución de los procesos de desalación, especialmente en regiones donde el acceso a agua marina profunda de calidad suponga ventajas operativas y de pretratamiento. No obstante, se trata de una tecnología que aún no ha alcanzado la suficiente madurez y cuyo papel definitivo en el panorama hídrico internacional está por determinar. Esta solución abre nuevas vías técnicas, pero sus ventajas reales dependerán de las condiciones específicas de cada proyecto.
La próxima década será decisiva para determinar si la desalación submarina puede ganar escala para atender la demanda real.
A medida que avance la innovación y las plantas piloto den paso a soluciones comerciales, la próxima década será decisiva para determinar si la desalación submarina puede ganar escala para atender la demanda real. Paralelamente, las grandes desaladoras terrestres continuarán desempeñando un papel vertebrador en el suministro fiable de grandes volúmenes de agua para ciudades e industrias de todo el mundo.
Para empresas como ACCIONA, con una sólida trayectoria en desalación y un claro compromiso con la sostenibilidad, el reto (y la oportunidad) radican en explorar cómo estos nuevos planteamientos pueden complementar las soluciones existentes y favorecer un modelo de suministro de agua más resiliente y diversificado.
«La presión combinada del crecimiento demográfico, la urbanización, el aumento de la demanda industrial y agrícola y, muy especialmente, los efectos acumulados del cambio climático han reducido de forma drástica los márgenes de resiliencia de muchos sistemas hídricos. El desafío ya no consiste únicamente en gestionar periodos de sequía, sino en redefinir la combinación de fuentes de agua disponibles y garantizar el suministro y la seguridad hídrica en condiciones cada vez más extremas», concluye Marcé.
Fuentes:
Vanessa Bates Ramirez es una periodista especializada en ciencia y tecnología, con el foco en energía, tecnologías climáticas e inteligencia artificial. Sus trabajos se han publicado en medios como New Scientist, IEEE Spectrum, Scientific American, AI Frontiers, Singularity Hub, entre otros.