El director de cine Stanley Kubrick afirmaba socarronamente que la moraleja del mito de Ícaro, con sus alas de cera derretidas por el sol, no era tanto una denuncia de la soberbia como un llamamiento a fabricar mejores alas. En el caso del mito griego el calor del sol acabó por truncar sus sueños, pero en nuestra época se empieza a aprovechar la energía de nuestra estrella para volar. Hoy la idea de una aviación más sostenible basada en energía fotovoltaica ya cuenta con algunos ejemplos destacados. No se trata de aviones de gran potencia, pero sí de elevada autonomía y, sobre todo, menos contaminantes. De igual manera, el mundo de los drones comienza a explorar esas posibilidades. El último ejemplo es un dron experimental que integra veintisiete paneles solares ultrafinos para volar sin necesidad de baterías.
La analogía de Ícaro no acaba en la idea del vuelo. En el mito griego fue un padre, Dédalo, quien desarrolló las alas con las que él y su hijo Ícaro abandonarían la isla de Creta. En el caso del nuevo dron solar también hay un equipo de un padre y un hijo detrás. Mike Bell y su hijo Andy ya fueron responsables de desarrollar el dron más veloz del mundo, el Peregreen 2, que alcanzó los 480 km/h en 2024, una marca que han vuelto a superar con el Peregreen 3 en 2025, alcanzando una velocidad punta de 585 km/h.
En esta ocasión el tándem ha optado por primar la sostenibilidad sobre la velocidad con su nuevo dispositivo. El dron solar que han desarrollado tiene un armazón de fibra de carbono en forma de X para acomodar tres hileras de nueve paneles solares ultrafinos y cuatro rotores con hélices de dieciocho pulgadas.
Junto con la estructura y los rotores, el artefacto incluye cámaras y sistemas de transmisión inalámbrica para su control remoto. Gracias a los 150 vatios de energía que genera, no precisa de baterías ni condensadores para volar.
El dron fotovoltaico desarrollado por los Bell ya ha ejecutado su vuelo inaugural para demostrar su eficiencia operativa. Por suerte, la experiencia fue algo menos catastrófica que la de Ícaro, tal como puedes ver en este vídeo:
Los vuelos por medio de energía fotovoltaica son realidad desde hace algunos años. Un ejemplo de ello fue la iniciativa AtlantikSolar que en 2017 mantuvo un vehículo volador no tripulado (UAV por sus siglas en inglés) en el aire durante varias horas. Más recientemente, hemos visto ejemplos como estos:
- Skydweller. Esta es una de las iniciativas más ambiciosas en el campo de la aviación solar. Más cercano a un satélite que a otra cosa, este avión no tripulado y concebido para volar durante meses exhibe una envergadura superior a la de un Boeing 747 y más de 17 000 células fotovoltaicas. Su objetivo es ambicioso: demostrar que la vigilancia, las comunicaciones y la observación terrestre pueden sostenerse desde la estratosfera, allá donde nunca se pone el sol, sin consumir una sola gota de combustible.
- Kea Atmos. Desarrollado en Nueva Zelanda, representa la nueva generación de aeronaves solares ligeras orientadas a misiones científicas y de monitorización ambiental. En 2025 alcanzó los 17 160 metros de altitud en un vuelo de ocho horas, un hito para un aparato de apenas 40 kilos y 12,5 metros de envergadura. El proyecto persigue una meta clara: vuelos estratosféricos de larga duración capaces de cubrir catástrofes naturales o evaluar ecosistemas remotos sin necesidad de repostar.
- RA 2.0. Un demostrador tecnológico impulsado por energía solar desarrollado por el proyecto universitario Team ICARUS (un naming algo dudoso, hay que decir). Su diseño pone el foco en la autonomía energética total y en la optimización de estructuras ultraligeras, un enfoque clave para la próxima generación de UAV solares.
- Sondas con velas solares. De acuerdo, no es una aeronave propiamente dicha porque navegará por el vacío espacial, pero ya se están planteando modelos teóricos de sondas con grandes velas de cientos de metros cuadrados y un grosor de nanómetros que captan los fotones del sol para impulsarse en el espacio exterior. Por ahora prototipos como los LightSail ya han demostrado su viabilidad en la órbita terrestre.
Y si quieres conocer el potencial de la energía solar sobre cuatro ruedas, te recomendamos que eches un vistazo a este artículo sobre la mayor carrera de coches solares del mundo. Una verdadera competición de resistencia que pone a prueba el ingenio de múltiples equipos de desarrollo para llevar la energía fotovoltaica a las carreteras del desierto australiano.
Fuentes:
David es periodista especializado en innovación. Desde sus primeros tiempos como analista de telefonía móvil hasta su faceta de Country Manager de Terraview, una startup de IA aplicada a viticultura, ha estado apegado a la innovación y las nuevas tecnologías.
Es colaborador de El Confidencial y en medios culturales como Frontera D y El Estado Mental, siempre desde la convicción de que lo humano y lo tecnológico pueden (y deben) ir de la mano.