Ernest Shackleton, Amelia Earhart, Jacques Cousteau, James Cook o Fernando de Magallanes son algunos de los nombres que vienen a la cabeza cuando se piensa en gestas oceánicas, ya sea por vía marítima o aérea. Fueron héroes que, con mayor o menor fortuna, hicieron viajes de descubrimiento y exploración, protagonizando gestas que han quedado grabadas en la memoria colectiva. Redwing es un nuevo nombre que podría sumarse a esa lista, aunque con la particularidad de que se trata de un vehículo submarino autónomo (AUV, por sus siglas en inglés). Su objetivo es circunnavegar el planeta al estilo de Magallanes y obtener valiosa información sobre el medio marino. En este artículo te contamos su aventura.
El nuevo robot autónomo, con unas dimensiones de dos metros y medio y un peso de 171 kilogramos, es fruto de la colaboración de la Universidad de Rutgers y la empresa de exploración oceánica Teledyne Marine, que han creado este prototipo con fines científicos.
Bautizado como Redwing, el acrónimo de Research and Education Doug Webb Inter-National Glider (planeador de investigación y educación Doug Webb Inter-National), partió en su viaje el pasado mes de octubre de 2025. En el marco de la misión Sentinel, recorrerá 73.000 kilómetros siguiendo la ruta que siguió Magallanes entre 1519 y 1522. Es decir, pasará por Gran Canaria, Nueva Zelanda, las Islas Malvinas y posiblemente Brasil antes de retornar a Cape Cod en EE. UU.
A lo largo de su viaje el robot submarino irá registrando la salinidad, la temperatura y la profundidad a través de una serie de sensores para mejorar la comprensión del océano y la evolución climática.
La información, que ayudará a predecir huracanes, olas de calor y cambios en la vida marina, se irá enviando vía satélite en intervalos de ocho a doce horas aproximadamente. Redwing también integra un rastreador de peces y animales con etiquetas electrónicas. Entre los responsables del seguimiento de la misión se encuentran cincuenta alumnos de la Universidad de Rutgers matriculados en un curso de investigación oceánica.
Este es, de forma resumida, el equipamiento de abordo:
- Sensor CTD (conductividad, temperatura y profundidad/densidad).
- Altímetro para evitar el contacto con el fondo marino.
- Sensores de actitud y brújula para la navegación.
- GPS y sistemas de comunicación satelitales.
- Un monitor de fauna marina de la Universidad de Dalhousie, que rastrea animales etiquetados como tiburones y ballenas.
En su proceloso viaje, el vehículo deberá sortear tormentas, barreras geográficas, redes y barcos, así como animales marinos, además de lidiar con la acumulación de material orgánico en su casco, un fenómeno conocido como bio-fouling que puede afectar a su movilidad.
Brian Maguire, uno de los representantes de la empresa de exploración submarina, asegura que el robot llevará a cabo la circunnavegación en cinco años a una velocidad de menos de dos kilómetros por hora y con una sola recarga en todo ese tiempo. ¿Cómo lo conseguirá?
Redwing es un vehículo eléctrico, pero carece de hélices ni propulsores tradicionales. Se trata de un vehículo planeador, conocido como glider en inglés, que recurre a una técnica de gran eficiencia energética.
Fundamentalmente, utiliza un motor eléctrico que presiona un pistón hidráulico para que el vehículo se vuelva más denso que el agua. Esto se logra llenando de aceite una vejiga externa que aumenta el volumen del vehículo, de tal forma que se hunda gradualmente en un ángulo abierto.
Al alcanzar una profundidad de mil metros aproximadamente, el pistón se retira y el vehículo recupera flotabilidad y asciende de nuevo, con lo que dibuja una trayectoria en forma de dientes de sierra. Como buen explorador marino, aprovechará también las corrientes marinas para moverse de manera más eficiente por navegación inercial.
Junto con el trabajo llevado a cabo por los investigadores estadounidenses, existen múltiples robots autónomos que están ampliando nuestro conocimiento del medio marino, ya sea en el campo de la arqueología submarina, la investigación oceanográfica o los estudios medioambientales.
- Sentry. Este vehículo utilizado por la Woods Hole Oceanographic Institution, que también ha apoyado la misión Sentinel, es capaz de descender hasta unos seis mil metros para cartografiar y estudiar con precisión el fondo oceánico. Opera sin conexión continua con el barco, lo que le permite misiones largas en terrenos complejos como dorsales oceánicas y fuentes hidrotermales. Equipa sensores avanzados para mapeo 3D, muestreo y fotografía de alta resolución.
- Jason. Este es otro vehículo de la misma institución diseñado para ejecutar investigaciones prolongadas a gran profundidad. A diferencia de Sentry, va conectado a un buque nodriza por un cable, transmite vídeo y datos en tiempo real mientras maneja herramientas y toma muestras del fondo marino. Ha participado en expediciones clave sobre vulcanismo submarino, biodiversidad y arqueología.
- Argo. Más que un robot individual, es una infraestructura global formada por miles de robots flotantes autónomos que monitorizan continuamente el estado de los océanos. Cada robot desciende hasta dos mil metros y recopila información sobre temperatura y salinidad antes de transmitirla por satélite. Esta red de observación ofrece datos sistemáticos y a gran escala sobre la circulación oceánica y el cambio climático.
- Boaty McBoatface. Es un vehículo submarino autónomo de largo alcance operado por el British Antarctic Survey para investigar las regiones más remotas y frías del planeta. Diseñado para trabajar sin contacto constante con un barco nodriza, recorre grandes distancias bajo el hielo antártico para estudiar corrientes profundas y procesos vinculados al calentamiento global. A modo de anécdota, su cómico nombre se decidió por votación popular.
Ya en tierra firme, el uso de robots autónomos en labores de rescate o monitorización de infraestructuras es cada vez más habitual. Uno de los ejemplos más representativos es el “perrobot” de Boston Dynamics que se está empleando para mapear túneles y zonas peligrosas, entre otras aplicaciones. Se trata de máquinas versátiles que pueden equiparse con todo tipo de sensores lidar y cámaras o sistemas de comunicación inalámbrica. Sin duda, la conjunción de robótica e inteligencia artificial promete una evolución vertiginosa en los próximos años, tal como te contábamos en este artículo.
Fuentes:
David es periodista especializado en innovación. Desde sus primeros tiempos como analista de telefonía móvil hasta su faceta de Country Manager de Terraview, una startup de IA aplicada a viticultura, ha estado apegado a la innovación y las nuevas tecnologías.
Es colaborador de El Confidencial y en medios culturales como Frontera D y El Estado Mental, siempre desde la convicción de que lo humano y lo tecnológico pueden (y deben) ir de la mano.