De la minería urbana a las palas eólicas: así es la nueva economía circular 

La innovación tecnológica, apoyada por la nueva Ley de Economía Circular en la UE, está abriendo grandes oportunidades económicas y medioambientales.

El éxito de la economía circular depende, en buena medida, de nuestra implicación individual. Un ejemplo es el de los textiles que utilizamos a diario, que resultan mucho más difíciles de reciclar que los plásticos. Esta fue una preocupación palpable en la última edición de la Textiles Recycling Expo en Bruselas que contó con un gran número de representantes de marcas. Los consumidores e industrias europeos desechan cerca de ocho millones de toneladas de textiles al año y, a pesar de la introducción de la recogida selectiva en 2025, solo una cuarta parte de estos residuos se destina actualmente al reciclaje.

 

Otro dato que incide directamente en nuestra vida diaria: el 40% de los plásticos se encuentran en envases. Una vez desechados, inician un itinerario incierto que los lleva a convertirse en más de la mitad de la basura marina y un tercio de los residuos sólidos urbanos. Los niveles de reutilización y recogida de envases son insuficientes todavía hoy y el reciclado, ineficiente. 

La realidad es que Europa tiene trabajo por delante, porque la tasa de uso circular de materiales y productos se ha estancado por debajo del 12% y más del 60% de los residuos domésticos todavía van a parar a los vertederos en algunos países. Cada año, la UE produce más de 2.000 millones de toneladas de residuos, casi la mitad de los cuales acababan en Turquía a principios de la actual década.

 

Y todo indica que ese aluvión de basura va a seguir creciendo. Hasta 2030, se proyecta que los residuos electrónicos que generamos los europeos aumenten de cinco a siete millones de toneladas; que los de textiles se incrementen de 7,5 a 9 millones de toneladas, impulsados ​​por la moda rápida; que los residuos peligrosos pasen de 119 a 143 millones de toneladas; y que el flujo de chatarra metálica, impulsado ​​por la demanda de acero verde y el reciclaje de baterías, suba de 105 a 125 millones de toneladas.

Cada año, la población mundial utiliza más de 100.000 millones de toneladas de materias primas, de las cuales más del 90 % se desperdicia.

Organizaciones como la European Industrial Production Information Exchange (EIPIE) describen el fenómeno como un “consumo excesivo sistémico”, pero han decidido ver el vaso medio lleno: este problema no es más que la medida del enorme potencial estratégico de la economía circular. Si nos lo tomamos como una oportunidad de negocio, en efecto, la realidad es abrumadora. Cada año, la población mundial utiliza más de 100.000 millones de toneladas de materias primas, de las cuales más del 90% se desperdicia.

 

La economía circular tiene ante sí, en ese sentido, un desafío similar al de la lucha contra el cambio climático. “Hay muchos aspectos aburridos en la transición energética, es algo distante, es como si me obligaran a hacer cosas que no quiero hacer, que no me entusiasma. La gente se resiste. Es una gran pregunta la de cómo persuadir a las personas para que participen en esa transición”, dice David Stainforth, investigador de la London School of Economics y uno de los grandes expertos mundiales en materia de sostenibilidad.

Las prácticas de gestión tradicionales, como la eliminación en vertederos o la clasificación rudimentaria, siguen siendo válidas, pero resultan ya insuficientes. De hecho, se está produciendo la paradoja de que, conforme aumentan las tasas de reciclaje, se dispara el volumen de residuos derivados de esa actividad, como las cenizas de incineración. Los desechos procedentes de la gestión de residuos y agua se han incrementado un 176 %. 

Las tecnologías emergentes en la industria se basan cada vez más en la automatización y la inteligencia artificial. La clasificación robótica impulsada por IA, con empresas como Waste Robotics, cobran relevancia gracias a su capacidad para separar eficientemente materiales dentro de flujos de residuos complejos. A nivel conceptual, se impone la aplicación de estrategias integradas, basadas en la colaboración entre los generadores de residuos, los innovadores tecnológicos y los responsables políticos.

Una ola de innovaciones está lista para expandirse. El reciclaje químico de plásticos mixtos, la despolimerización enzimática de mezclas textiles, la lixiviación profunda con disolventes eutécticos para metales preciosos, la robótica impulsada por IA para el desmontaje de componentes electrónicos y las biorrefinerías para subproductos orgánicos están progresando desde líneas piloto hasta plantas de demostración, a menudo respaldadas por el Fondo de Innovación de la UE y programas nacionales de subvenciones.

Uno de los parques eólicos más antiguos de España se encuentra en Tahivilla, en Tarifa (Cádiz). Construido y operado por ACCIONA Energía, se sometió recientemente a un proceso de repotenciación para mejorar su eficiencia, lo que ha llevado a buscar nuevas vidas para sus antiguos componentes. Como parte de la iniciativa #TurbineMade, una de las palas del parque se ha reencarnado en una serie limitada de zapatillas.

 

Para llegar hasta ahí, fue necesario un desmantelamiento minucioso: cada pieza se separó y clasificó en función de su posible reutilización. Las palas —fabricadas con madera de balsa, fibra de vidrio y resinas— se trocearon para facilitar su transporte y, del polvo obtenido, nació la materia prima con la que se fabricaron las suelas de estas zapatillas. El acero y el hormigón, materiales predominantes, siguieron caminos igualmente circulares: el primero se fundió para fabricar nuevos productos, mientras que el segundo se trituró para reutilizarse como árido reciclado en otras obras.

Los sorprendentes nuevos destinos de los residuos, en un contexto de economía circular, hacen pensar en una vida eterna de los materiales. Las palas desechadas de otro parque eólico de la compañía se han reconvertido en una viga de torsión que fija los paneles solares a los seguidores del parque fotovoltaico Extremadura I-II-III. En Australia, se han conseguido diez prototipos de tablas de surf y quillas también a partir de palas de aerogenerador de ACCIONA.

En la E-Waste World de Frankfurt, la conversación pasó de centrarse en la necesidad de cumplimiento de la normativa a la posibilidad de obtener ventajas competitivas. El mensaje fue claro: a medida que el acceso a las materias primas se vuelve cada vez más sensible desde el punto de vista geopolítico, las rutas de reciclaje sostenibles son esenciales para la resiliencia de la cadena de suministro entera. Es decir, sin ellas no habrá un modelo de crecimiento verde, ni industrial ni de ningún otro tipo.

Las rutas de reciclaje sostenibles son esenciales para la resiliencia de la cadena de suministro entera. Sin ellas no habrá un modelo de crecimiento verde, ni industrial ni de ningún otro tipo.

Los gobiernos regionales están cogiendo la bandera por toda Europa. La Estrategia de Economía Circular 2030 del País Vasco en España tiene como objetivo un aumento del 30% en la productividad de los materiales y una reducción del 30% en la generación de residuos en 2030; la Hoja de Ruta de la Economía Circular de Oulu, Finlandia, promete la neutralidad de carbono para 2035; y la Hoja de Ruta de la Economía Circular 2020 de Glasgow, Reino Unido, se centra en la localización de la economía, o lo que es lo mismo en decisión estratégica sobre dónde ubicar las actividades productivas, para garantizar que se base en la inclusión social, la justicia y el bienestar de las comunidades.

 

Después de poner dar la vuelta al modelo económico vigente como un calcetín, con la aprobación del Pacto Verde Europeo en 2020, la Comisión volvió a sacudir al mercado con el Pacto Industrial Limpio (CID), que ambiciona convertir a la UE en un líder mundial en la economía circular en 2030. Como plato fuerte, ha anunciado una Ley de Economía Circular (CEA) para este 2026, actualmente en fase de consultas. 

Bruselas quiere pasar de un modelo productivo lineal a otro circular. Eso implica duplicar la tasa de uso de materiales circulares (CMUR) en 2030 y crear un mercado único de materias primas secundarias que reduzca la dependencia excesiva de proveedores de terceros países. Oportunidad de negocio a la vista: el mercado europeo de remanufactura podría crecer de 31.000 millones de euros a 100.000 millones en 2030 y generar 500.000 nuevos empleos.

 

El CID propone activar nada menos que una central de compras de materiales a nivel continental y asignar Pasaportes Digitales a una serie de productos para facilitar su reparación y reciclaje, así como el seguimiento de sustancias preocupantes a lo largo de la cadena de suministro.

 

Europa tiene muy presente, además, que la fase de diseño determina hasta el 80% del impacto ambiental del ciclo de vida. Ya en ese momento inicial de concepción del producto debe considerarse la posibilidad de desmontaje, procesamiento, reparación (un asunto clave) y reutilización de componentes.

 

Es llamativo, no obstante, que la prevención de la generación de residuos ocupe el puesto de máxima prioridad en la jerarquía europea de gestión de residuos, por encima de la reducción, la reutilización, el reciclaje, la recuperación y la eliminación. Suena irónico porque son estos últimos precisamente los que centran la mayor parte de la atención de los responsables públicos todavía.  

Como viene siendo habitual, la regulación no siempre ayuda a la innovación. El Parlamento Europeo aprobó la Ley de Industria Net Zero (NZIA), que promueve la conversión de residuos en energía (Waste to Energy, WTE). Pero, según el principio de jerarquía de desechos de la UE, la reutilización y recuperación de materiales prevalece y se hace cargo del 34,7% de los desperdicios, muy por delante la conversión en energía (12,8%), aunque todavía por debajo del tratamiento y eliminación, principalmente en vertederos (52,5%). 

Hay que adoptar una visión integral en la que participen todos los actores de la cadena de suministro y en la que tengan cabida los innovadores.

Si algo caracteriza al momento actual de la economía circular en Europa es el enorme margen de recorrido que tiene todavía por delante. La mejor forma de aprovecharlo consistirá en adoptar una visión integral en la que participen todos los actores de la cadena de suministro y en la que tengan cabida los innovadores. Un aumento del 1% en el PIB provoca un incremento del 0,778% en la generación de residuos. Es la pieza a encajar en el modelo de crecimiento sostenible, y hay mucho negocio en juego.

 

“He conocido a muchos científicos, climatólogos y medioambientales que sienten como si sufrieran el Síndrome de Casandra. Han visto el futuro, entienden cuál es el problema, y nadie les escucha”, explica David Stainforth. “Pero mi respuesta a esto es que no están contando la historia de una manera que la gente quiera escuchar. Hablan de ciencia y asumen que a la gente le interesa. Los científicos y académicos tienen la responsabilidad de trabajar con los científicos sociales para contar la historia a los políticos y el público, en lugar de centrarse en lo que les interesa. Esa es una de mis batallas en este momento”.

 

Fuentes:

  • Agata Mesjasz-Lech, Trends of Industrial Waste Generation in Manufacturing Enterprises in the Context of Waste Prevention—Shift-Share Analysis for European Union Countries, Sustainability, 2025, doi.org/10.3390/su17010034
  • https://commission.europa.eu/topics/eu-competitiveness/clean-industrial-deal_en
  • https://recyclinginside.com/news/exploring-eu-waste-generation-trends-and-solutions/
  • https://medium.com/@MatterwaveVentures/wasted-potential-e20283b97bc1
  • https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/ip_22_2013
  • https://environment.ec.europa.eu/topics/waste-and-recycling_en
  • https://cse-net.org/eu-road-to-a-circular-economy-by-2025-key-steps-and-challenges/

Eugenio Mallol es un periodista especializado en innovación tecnológica, creador del suplemento INNOVADORES en El Mundo y La Razón del que fue director durante 11 años. En la actualidad, es director de estrategia y comunicación en Atlas Tecnológico y analista y coordinador de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino. Es columnista de Forbes España y colabora en medios digitales como InnovaSpain y Valencia Plaza, es autor de libros e informes sobre innovación tecnológica y conferenciante.