La descentralización prepara las infraestructuras críticas para futuros diversos

La innovación y la descentralización están presentando soluciones para incrementar la capacidad de recuperación de las infraestructuras ante los desafíos del cambio climático y las nuevas formas de amenaza vinculadas a la revolución digital.

La verdadera resiliencia no se mide por la estabilidad de una infraestructura, sino por la rapidez con la que se recupera y se adapta ante un cambio drástico. Conseguirlo, en un entorno tan volátil como el actual, empieza a ser un ejercicio cada vez más cercano al funambulismo. A los gestores de infraestructuras se les exige capacidad de adaptación a múltiples futuros divergentes simultáneamente, lo que conducirá, según entidades como el Foro Económico Mundial, a modelos de “orquestación autónoma”. La base de su éxito será disponer de datos contextualizados y de alta calidad.

 

Santiago Grijalva, director del Laboratorio ACES (Advanced Computational Electricity Systems) de Georgia Tech, cree que “la infraestructura se va a transformar porque la gestión centralizada de información, la coordinación de millones de dispositivos de millones de usuarios, es simplemente, matemáticamente, computacionalmente, a nivel de información y comunicación, imposible”.

 

Georgia Tech ha puesto el foco de su investigación en las redes eléctricas. “Si puedes asegurar una infraestructura como la eléctrica, puedes extender los controles a otras que no son tan rápidas, como las redes de gas, combustible o agua, que usan muchos sistemas de escala”. Su objetivo es combatir los ciberataques y, para ello, ha introducido una “huella dactilar” en los chips que gobiernan las subestaciones eléctricas. Una solución física para un problema de software.

 

Puede ser el punto de partida de una nueva forma de gestionar la resiliencia de las infraestructuras. “Estamos interconectando toda la red eléctrica, incorporando muchísimos dispositivos energéticos nuevos, no sólo la energía solar a gran escala, sino también la parte del consumidor residencial, industrias, campus, hospitales, la energía eólica pequeña, el almacenamiento estacionario o el almacenamiento de energía móvil, en la parte de cargadores de vehículos eléctricos”. La visión de Santiago Grijalva apunta a sistemas energéticos distribuidos, microrredes y prosumers, más resilientes, mucho más difíciles de atacar, porque se pueden desconectar”.

En el ámbito de las infraestructuras críticas, la naturaleza es una fuente radical de transformación. En ocasiones trágica, como se ha podido comprobar recientemente en los terremotos de Venezuela. Las pérdidas económicas anuales debidas a catástrofes meteorológicas están aumentando a un ritmo superior al del PIB mundial. Hacer que la infraestructura sea resiliente frente a futuras inundaciones representa entre el 3% y el 10% de los costes de inversión de un proyecto, pero los daños anuales futuros, solo en ese caso, acaban siendo un 42 % menores.

 

Las ciudades soportan una parte desproporcionada de estas pérdidas. Un estudio de WaterAid sobre las 100 urbes más pobladas del planeta reveló que una de cada cinco experimenta cambios drásticos. Wuhan (China) decidió convertirse en una “ciudad esponja” para hacer frente a las fuertes precipitaciones y los beneficios de esa inversión en resiliencia han superado con creces los costes de tres décadas. 

Las llamadas soluciones basadas en la naturaleza (SBN) han recibido tradicionalmente atención porque combinan la protección del entorno con una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

La forma urbana aumenta la vulnerabilidad de las ciudades: los desarrollos densos, la infraestructura centralizada y los sistemas de cercanía están diseñados para la eficiencia en lugar de la resiliencia. Las llamadas soluciones basadas en la naturaleza (SBN) han recibido tradicionalmente atención porque combinan la protección del entorno con una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Los manglares, por ejemplo, protegen a unos 15 millones de personas cada año de las inundaciones y el proyecto Living Breakwaters, que cultiva arrecifes de ostras frente a la costa de Staten Island en EE. UU., suaviza las marejadas ciclónicas y las inundaciones costeras.

 

Otro mensaje clave relacionado con la resiliencia de infraestructuras críticas es el valor de reconstruir rápido. Las pérdidas económicas anuales derivadas de los desastres pueden alcanzar el 7 % del PIB de un país cuando la reconstrucción completa tarda 20 años o más. Hacerlo en 10 años reduce ese impacto a la mitad y si se tarda cuatro años o incluso uno, como ha logrado Japón, es aún menor. 

La carrera tecnológica se divide en tres categorías. En primer lugar, están las soluciones destinadas a recopilar, procesar y usar datos. Las representaciones virtuales de sistemas físicos, denominadas gemelos digitales, permiten el control en tiempo real de muchos activos. Lisboa (Portugal) utilizó un gemelo digital para diseñar un sistema de drenaje que reducirá significativamente los riesgos de inundación en la ciudad.

 

La reciente edición del certamen VivaTech París ha dado visibilidad a interesantes soluciones que aplican inteligencia artificial (IA) en la gestión de infraestructuras para mejorar su resiliencia. Por ejemplo, se presentó una plataforma francesa que genera imágenes sintéticas para entrenar modelos de visión artificial en entornos con datos reales escasos. Los modelos de visión artificial no saben interpretar los eventos impredecibles, asegura la empresa, en el 30-50% de los casos cuando operan en condiciones reales, y la niebla es suficiente para interrumpir por completo su percepción. 

Otra solución combina cámaras, sensores e IA en una plataforma portátil que vigila los espacios de trabajo al aire libre en tiempo real, para detectar peligros y prevenir accidentes. Su sistema es especialmente efectivo en las obras de construcción, porque no requiere infraestructura preexistente, ni cables de alimentación, ni conexión a internet.

 

La IA otra startup coreana se nutre de las vibraciones que son capaces de medir sus cámaras en tiempo real y sin contacto para detectar la fatiga estructural y las anomalías mecánicas en una infraestructura. Asegura que una sola de sus cámaras realiza el trabajo de 10.000 sensores convencionales y aflora información valiosa que estos pasan por alto. 

El segundo grupo de tecnologías de la resiliencia son las relacionadas con la conectividad y la comunicación. Todo vale: los servicios de internet por satélite y el GPS ayudan a monitorizar y las aplicaciones móviles y las redes sociales pueden alertar sobre eventos inminentes. A continuación, los sistemas basados ​​en IA pueden personalizar los mensajes a nivel de hogar individual, como hace India.

 

La tercera categoría incluye tecnologías que fortalecen y mejoran la resiliencia de la infraestructura y permiten una reconstrucción más rápida. Incluyen desde microrredes solares y otros sistemas de energía distribuida, que resisten mejor las inclemencias meteorológicas que las líneas de transmisión de larga distancia, al hormigón de alto rendimiento, menos propenso a deformarse bajo tensión, las viviendas modulares e impresas en 3D, que se pueden construir rápidamente, y las plantas portátiles de tratamiento de agua.

Se estima que la inversión total necesaria para mejorar la resiliencia de las infraestructuras ascenderá a seis billones de euros anuales en 2030, pero algunos de los desafíos clave no son económicos ni tecnológicos, sino de gobernanza.

Se estima que la inversión total necesaria para mejorar la resiliencia de las infraestructuras ascenderá a seis ​​billones de euros anuales en 2030, pero algunos de los desafíos clave no son económicos ni tecnológicos, sino de gobernanza. No es fácil implementar estándares de resiliencia de infraestructura para todo tipo de desastres y en todos los lugares donde acontecen por igual. 

La infraestructura crítica es un foco de atención creciente en la confrontación geoeconómica y los conflictos armados. La presa de Bremanger en Noruega sufrió un ciberataque que provocó la liberación no planificada de agua y, desde la invasión rusa de Ucrania, todas las categorías de infraestructura crítica en el país han sido blanco de ataques repetidamente. Se han cortado cables submarinos, se han interrumpido las operaciones de aeropuertos con drones y los sistemas globales de navegación por satélite han sufrido interferencias y suplantación de señales.

 

Los ciberdelincuentes se dirigen a sectores con datos valiosos, complejidad operativa y oportunidades para generar disrupciones financieras y estratégicas. La principal vía de acceso a las infraestructuras en 2025 fueron las aplicaciones públicas. Los ataques han cambiado. Ahora destacan por su adaptabilidad, demuestran paciencia y conocimiento de los procesos: invierten en comprender cómo funcionan realmente de infraestructuras durante meses antes de actuar. 

La resiliencia de las infraestructuras se jugará en la intersección entre gobernanza e innovación tecnológica.

Los equipos de seguridad pueden detectarlo, pero sin el contexto suficiente para comprender su importancia, no visualizan el riesgo. Con el tiempo, el ataque se convierte en una cuestión de oportunidad más que de capacidad. Apenas una de cada cuatro de las organizaciones invierte significativamente más en medidas proactivas, como la monitorización, las pruebas y los controles, que en medidas reactivas, como la respuesta a incidentes y recuperación.

 

Una circunstancia poco destacada es que la infraestructura crítica se suele identificar a nivel nacional. Sin embargo, la interrupción de ciertos sistemas e instalaciones puede tener consecuencias negativas a nivel global, como se ha visto con la crisis del Estrecho de Ormuz. De ahí, que se hable de "infraestructura crítica global". No hay que olvidar que el volumen del comercio mundial multiplica hoy por 45 al que existía en 1950. 

 

Los gobiernos están reforzando su participación en iniciativas de fomento de la confianza, como el directorio mundial de puntos de contacto, que incorpora canales de comunicación sobre incidentes cibernéticos, incluidos aquellos que afectan a infraestructuras críticas. Estos foros buscan reducir las tensiones, aclarando malentendidos y promoviendo respuestas colectivas más eficaces. En resumidas cuentas, la resiliencia de las infraestructuras se jugará en la intersección entre gobernanza e innovación tecnológica.

 

Fuentes:

  • “Global Value Chains Outlook 2026: Orchestrating Corporate and National Agility”, WEF, 2026
  • PwC’s 2026 Digital Trends in Operations Survey, 2026
  • “Managing Emerging Critical Risks”, OCDE, 2025
  • “The Global Risks Report 2026”, WEF, 2026
  • “From billions to trillions: Flagship UN report reveals true cost of disasters and how to reduce them”, UNDRR, 2025
  • “Water and climate: Rising risks for urban populations”, WaterAid, 2025

Eugenio Mallol es un periodista especializado en innovación tecnológica, creador del suplemento INNOVADORES en El Mundo y La Razón del que fue director durante 11 años. En la actualidad, es director de estrategia y comunicación en Atlas Tecnológico y analista y coordinador de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino. Es columnista de Forbes España y colabora en medios digitales como InnovaSpain y Valencia Plaza, es autor de libros e informes sobre innovación tecnológica y conferenciante.