Los datos geoespaciales obtenidos mediante satélites, drones y sensores permiten monitorizar el planeta en tiempo real y ayudan a mejorar sectores como agricultura, energía, seguros, logística o gestión climática.
Aunque para los astronautas puede tener un enorme valor sentimental, la foto de un instante del planeta no aporta gran cosa, en realidad. Es la toma de imágenes multiespectrales y la monitorización continua lo que permite generar series históricas y seguir los cambios sucedidos en estos 50 años que llevamos enfocando hacia nuestro mundo desde el espacio.
Con 1.400 imágenes diarias de la Tierra a una resolución de 30 metros, se puede controlar la evolución de fenómenos tan variados como los incendios, el crecimiento de las algas, el estado de los embalses o salud de los ecosistemas. Los datos que toman los satélites norteamericanos Landsat son de uso libre y gracias a ellos los científicos han generado cerca de 20.000 artículos sobre distintos temas. Hay decenas de modelos similares en otras constelaciones como los Sentinel, del programa europeo Copernicus, o los satélites MODIS y VIIRS, especializados en incendios.
Hemos podido ver la desecación del mar de Aral, el avance del desierto del Sahara o la pérdida de selva amazónica. Y desde el espacio hemos sido capaces de supervisar también cómo han funcionado las medidas de recuperación en esos mismos ecosistemas: el llenado parcial del mar, los progresos en la defensa de la selva o el gran muro verde del Sahel en el sur del Sahara.
Más del 50% de las variables climáticas esenciales solo pueden medirse a escala desde el espacio, lo que convierte a las tecnologías de observación de la Tierra en un factor clave para el cumplimiento de las exigencias ESG (medio ambiente, social y gobierno corporativo) en organizaciones multinacionales cuyas actividades abarcan múltiples geografías.
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Los cambios en el planeta tienen un impacto mucho más poderoso en nuestra vida que las incertidumbres geopolíticas. Podría decirse, de hecho, que aquellos están en el origen de muchas de estas. La pérdida de ecosistemas naturales plantea riesgos sustanciales como la escasez de recursos y la interrupción de servicios ecosistémicos. Por eso es tan relevante disponer de una buena información.
Estas tecnologías ayudan a trazar planes de trabajo más eficaces y, sobre todo, sostenibles. Se estima que la información procedente de la observación de la Tierra puede ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en más de dos gigatoneladas anuales de CO2 equivalente, nada menos que un 3,6% del total que se genera en la actualidad.
El Foro Económico Mundial ha identificado en su Global Risk Report de 2026 los fenómenos meteorológicos extremos como el principal riesgo global para la próxima década.
El Foro Económico Mundial ha identificado en su Global Risk Report de 2026 los fenómenos meteorológicos extremos como el principal riesgo global para la próxima década. La mitigación de riesgos climáticos y desastres contribuye con unos 23.000 millones de dólares a hacer más viable la economía sostenible, y este valor podría triplicarse hasta finales de la actual década.
Comprender mejor cómo se forman es una de las finalidades de la iniciativa Destino Tierra (DestinE) de la Comisión Europea, cuyo objetivo es crear un gemelo digital de alta precisión de nuestro planeta para modelar, monitorizar y simular fenómenos naturales y las actividades humanas que impactan directamente en el medioambiente.
El sector asegurador y financiero es uno de los que más interesados en los datos de observación de la Tierra. Necesita evaluar cómo podrían afectar a sus activos los fenómenos meteorológicos extremos. No es de extrañar que algunos bancos se hayan unido a laboratorios científicos para avanzar en la aplicación de la IA a la medición de la biodiversidad, un conocimiento crucial para escalar productos financieros basados en la naturaleza.
Las compañías de seguros utilizan datos obtenidos por teledetección para analizar mejor los riesgos de los activos cubiertos por ellas. Les permite también ofrecer modelos innovadores de pólizas, como los seguros paramétricos, y optimizar la evaluación de siniestros.
Los sistemas de información de las empresas del sector del transporte y logístico analizan los datos de observación de la Tierra con inteligencia artificial para optimizar los plazos de entrega, minimizar el consumo de combustible, que puede reducirse hasta en un 3% con la consiguiente bajada de costes y de emisiones de gases de efecto invernadero, y redirigir rutas ante interrupciones imprevistas. A medida que avanza la tecnología, se están incorporando además nuevas tipologías de datos, como la medición de partículas en rutas aéreas o los niveles de hielo marino para rutas de barcos.
La observación de la Tierra también puede utilizarse para impulsar nuevas fuentes de ingresos en algunos sectores que los producen y no los habían explotado hasta ahora.
La observación de la Tierra también puede utilizarse para impulsar nuevas fuentes de ingresos en algunos sectores que los producen y no los habían explotado hasta ahora. En el sector de las aerolíneas, por ejemplo, se pueden integrar en productos y servicios para crear ofertas nuevas e innovadoras.
Compañías aéreas como Lufthansa han instalado en buena parte de su flota el sistema AMDAR (Aircraft Meteorological Data Relay) que mide variables como la temperatura, la presión atmosférica y los vientos. De momento, no lo explota comercialmente y prefiere compartir los datos de forma gratuita, entre otros, con el Servicio Meteorológico Alemán (DWD).
Se ha demostrado que el uso de fertilizantes puede reducirse entre un 4% y un 6% cuando se utilizan datos satelitales en la agricultura de precisión. El impacto puede ser enorme también en el seguimiento de la trazabilidad de los productos del campo, algo que interesa mucho a las autoridades europeas.
La startup escocesa Trade in Space utiliza datos satelitales para garantizar que los productos se producen de forma sostenible, una práctica cada vez más extendida entre las empresas interesadas en la supervisión, tanto medioambiental como ética, de la cadena de suministro. En el caso de Satellogic, fundada en Estados Unidos por el argentino Emiliano Kargieman, ayuda a acreditar el cacao “libre de deforestación” cosechado en África Occidental con su constelación Aleph-1, conformada por los satélites ÑuSat.
En el ámbito de la energía, la observación de la Tierra permite evaluar el potencial de los nuevos emplazamientos de parques solares, eólicos e hidroeléctricos, así como las posibles vulnerabilidades que estén sufriendo infraestructuras a gran escala, como tuberías y redes eléctricas.
Las tecnologías geoespaciales están introduciendo incluso nuevas vías de cuidado personal, con aplicaciones orientadas al consumidor como la comunidad de juegos onX basada en el roleplay y Strava, con opciones para atletismo, senderismo y ciclismo, promueven actividades recreativas y deportivas combinando datos de ubicación con datos de observación de la Tierra para ayudar a las personas a mantenerse seguras y a aprovechar mejor el tiempo de entretenimiento.
Pese a todo este mar de oportunidades que se abre para las empresas, hoy en día, el gasto público representa casi tres cuartas partes del mercado de datos y servicios geoespaciales. Un buen porcentaje de la demanda comercial permanece todavía “latente”.
Es comprensible, se trata de tecnologías clave para abordar asuntos como los cambios urbanos y ambientales en las ciudades, dado que proporcionan varios niveles de detalle, temporales y espaciales. La información obsoleta puede plantear serias dificultades a los planificadores públicos del uso del suelo en su toma de decisiones, ya que conjuntos de datos clave se actualizan con poca frecuencia.
No todas las tecnologías son igual de óptimas en todas las circunstancias. La última década ha estado marcada por el crecimiento en la oferta de drones, tanto autónomos como radiocontrolados, cuya información complementa a la de los satélites para componer una imagen más realista de nuestro entorno.
Los aviones no tripulados pueden equiparse con cámaras ópticas, térmicas, radares, LIDAR y otros dispositivos de observación. Son menos completos y duraderos que los de los satélites, pero bastante más económicos y fáciles de gestionar, de modo que se han convertido ya en habituales en obras de ingeniería civil, en agricultura, en minería, en actuaciones ligadas al medioambiente e incluso en arqueología.
Disponemos de algoritmos de detección automática para predecir la evolución de incendios forestales o detectar cambios de uso de suelo con rapidez y precisión.
Una vez los datos aterrizan en suelo firme, llega la hora de la inteligencia artificial para realizar los primeros preanálisis e incluso análisis completos. Disponemos de algoritmos de detección automática para predecir la evolución de incendios forestales o detectar cambios de uso de suelo con rapidez y precisión.
Han surgido plataformas colaborativas y de código abierto en las que los expertos crean y actualizan herramientas de procesamiento de datos satelitales a disposición de toda la comunidad. En el caso de Google Earth Engine, contiene varios petabytes de información de acceso libre y gratuito para que todo cualquiera pueda analizar tendencias y riesgos de cualquier parte del planeta.
Se prevé que en 2032 la observación satelital de la Tierra generará más de dos exabytes (2.000 millones de gigabytes) de datos acumulados. Su valor acumulado potencial puede alcanzar los 700.000 millones de euros ya en 2030. El tamaño de ese mercado dependerá de que seamos capaces de resolver los problemas que el volumen y complejidad nos han planteado históricamente para aplicarlos a soluciones viables.
Si avanzamos en esa línea, habrá recompensa: se estima que por cada aumento del 1% en la adopción de esta información sobre el planeta en tiempo real por parte de los usuarios finales, se pueden añadir 9.800 millones de dólares de valor adicional a la economía. Toda una llamada de atención para sectores como agricultura, electricidad, servicios públicos y de emergencias, seguros y servicios financieros, minería y cadena de suministro y transporte. Juntos, pueden captar el 94% del valor de los datos procedentes de los satélites.
Fuentes:
Eugenio Mallol es un periodista especializado en innovación tecnológica, creador del suplemento INNOVADORES en El Mundo y La Razón del que fue director durante 11 años. En la actualidad, es director de estrategia y comunicación en Atlas Tecnológico y analista y coordinador de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino. Es columnista de Forbes España y colabora en medios digitales como InnovaSpain y Valencia Plaza, es autor de libros e informes sobre innovación tecnológica y conferenciante.