Cada vez que abrimos el grifo o tiramos de la cadena en el baño se produce un pequeño milagro que muchas veces damos por supuesto. Es fácil olvidar que el acceso al saneamiento adecuado y al agua limpia sigue siendo uno de los mayores retos globales de sostenibilidad, especialmente en entornos insulares, zonas rurales o regiones con infraestructuras eléctricas precarias.
Tradicionalmente, las infraestructuras energéticas o de tratamiento de agua han requerido grandes extensiones de terreno y conexiones permanentes a grandes redes de distribución. Al final, cuanto más grande es la instalación, más eficiente será en términos económicos. Así, por el camino, muchas comunidades pequeñas y remotas se han ido quedando descolgadas de sus beneficios.
En estos casos, las soluciones modulares y descentralizadas pueden complementar a las grandes infraestructuras y ampliar el acceso de las comunidades a servicios básicos. La combinación de energía fotovoltaica, baterías y otros sistemas de almacenamiento permite desplegar instalaciones más flexibles, adaptadas a necesidades concretas y próximas al punto de consumo.
Como botón de muestra, un grupo de investigadores de la Universidad del Sur de Florida en colaboración con la Universidad de Hawái en Mānoa ha comenzado a combinar la energía fotovoltaica con procesos de tratamiento y filtración de aguas residuales en un formato compacto.
Presentada en la localidad hawaiana de Wahiawā, cerca de Honolulu, de aquí que la hayan bautizado como Honu Hub, la planta busca paliar los problemas de contaminación derivados de los pozos negros que se prodigan en áreas residenciales sin conexión al alcantarillado municipal.
El sistema destaca por su diseño modular, integrado en contenedores compactos con una huella por debajo de los 5 metros cuadrados. La instalación prescinde de grandes despliegues y, según sus promotores, puede comenzar a operar con una inversión inferior a la instalación de una fosa séptica.
La planta cuenta con paneles solares propios que le permiten bombear, oxigenar y tratar más de 2000 litros diarios de aguas residuales.
El dispositivo aplica un tratamiento biológico con membranas para eliminar patógenos, materia orgánica disuelta y nutrientes como el nitrógeno. La planta cuenta con paneles solares propios que le permiten bombear, oxigenar y tratar más de 2.000 litros diarios de aguas residuales.
Además, cuenta con conexión a Internet por satélite, lo que permite monitorizar su funcionamiento desde cualquier parte del mundo.
Eso sí, la tecnología aún debe someterse a un proceso de homologación antes de empezar a utilizarse como reemplazo de los cerca de 88.000 pozos negros que una ley estatal busca clausurar de aquí al año 2050 en Hawái.
La combinación de tecnología fotovoltaica y servicios comunitarios esenciales no se limita al tratamiento de efluentes en zonas residenciales sin acceso a la red como sucede en Hawái. En las geografías más remotas de América Latina, África o Asia, la Fundación acciona.org también trabaja con la energía solar como herramienta de progreso y soberanía comunitaria.
Un ejemplo es su programa Luz en Casa que instala sistemas solares en tejados de viviendas en zonas aisladas como la Amazonía o las selvas de Filipinas.
Los paneles solares también se han utilizado en conjunción con maletines médicos para alimentar el instrumental de los profesionales.
Los paneles solares no solo se utilizan en viviendas o escuelas para proporcionar luz, ventilación o Internet, sino que también se han llevado a cabo pruebas piloto para utilizar modelos portátiles junto con maletines médicos, de tal forma que el personal sanitario cuente con energía eléctrica para su instrumental al desplazarse a zonas remotas.
Además, la energía fotovoltaica está vinculada a la obtención de agua potable en zonas sin redes de distribución o saneamiento. En este caso, a través del uso de paneles solares para alimentar bombas hidráulicas instaladas en pozos.
Todo lo dicho nos invita a reflexionar que las energías renovables, y las tecnologías asociadas como los sistemas de baterías estacionarias, no solo suponen un cambio de paradigma a efectos de sostenibilidad sino también de escalabilidad.
La energía solar y la eólica tienen un gran potencial en instalaciones a pequeña escala para llevar luz, agua y progreso a comunidades donde extender las grandes redes resulta más complejo.
Fuentes
David es periodista especializado en innovación. Desde sus primeros tiempos como analista de telefonía móvil hasta su faceta de Country Manager de Terraview, una startup de IA aplicada a viticultura, ha estado apegado a la innovación y las nuevas tecnologías.
Es colaborador de El Confidencial y en medios culturales como Frontera D y El Estado Mental, siempre desde la convicción de que lo humano y lo tecnológico pueden (y deben) ir de la mano.